La Habana/El béisbol cubano está de luto tras el fallecimiento este lunes en Matanzas de Lázaro Junco Nenínger, una de las figuras más emblemáticas de la pelota nacional. A los 67 años, el histórico bateador no pudo vencer el cáncer de esófago que padecía. Junco hizo historia al convertirse en el primer jugador en rebasar la barrera de los 400 cuadrangulares en Series Nacionales, acumulando un total de 405 jonrones. El periodista Yasel Porto Gómez lo recordó como “un hombre de pocas palabras y enormes valores, que defendió siempre sus convicciones y formó parte de una de las etapas más brillantes del béisbol cubano”.

“Cuando el tumor le anunció su turno al bate, el pelotero no se rindió ni bajó los brazos. Enfrentó operaciones, tratamientos de quimioterapia y largas noches sin descanso. Y mientras tuvo fuerzas, siguió asistiendo al Estadio Victoria para observar a las nuevas generaciones, porque un ex pelotero nunca abandona realmente el terreno de juego: simplemente cambia su lugar en las gradas”, escribió el colaborador de TV Yumurí Carlos Manuel Bernal López.

El periodista especializado Francys Romero también rindió homenaje a quien era conocido popularmente como Papá Jonrón, destacándolo como “uno de los más grandes sluggers que dio Cuba en el siglo XX y el único bateador que conquistó diez títulos de jonrones entre 1981 y 1994”.

A pesar de los impresionantes números que dejó a lo largo de su carrera, varios medios y especialistas consideran que Junco no recibió el reconocimiento que merecía. El portal Swing Completo lamentó que una figura de semejante dimensión deportiva haya sido prácticamente relegada al olvido. “Resulta imperdonable que no forme parte de las conversaciones habituales sobre béisbol. Por razones que nadie ha explicado, Junco fue tratado como un actor secundario dentro de una historia en la que se ganó con creces un papel protagónico entre los mejores de todos los tiempos”, señaló el medio.

Nacido en el municipio de Limonar, en la provincia de Matanzas, desarrolló toda su trayectoria deportiva con equipos de su territorio durante 18 temporadas. Defendió los colores de conjuntos históricos como Citricultores y Henequeneros, donde se ganó el respeto de la afición gracias a una capacidad extraordinaria para conectar batazos de largo alcance. Según recordó el diario Granma, sus cuadrangulares parecían desafiar las leyes de la gravedad y provocaban el entusiasmo de miles de seguidores en cada estadio.

A lo largo de su carrera acumuló 1.641 imparables y dejó un promedio ofensivo de .284. Además de sus 405 jonrones, registró 277 dobles y 27 triples, cifras que lo sitúan entre los bateadores más productivos de la historia del béisbol cubano. Sin embargo, el propio Junco consideraba que pudo haber alcanzado una cifra aún mayor de cuadrangulares si no hubiese sido retirado prematuramente. En una entrevista concedida a Swing Completo en 2019 recordó que, cuando le comunicaron su salida de las Series Nacionales, atravesaba uno de los mejores momentos deportivos de su carrera. “El año anterior había conectado 23 jonrones, impulsado 80 carreras y terminado con promedio ofensivo de .323”, explicó.

Según relató, las autoridades deportivas le argumentaron que su retiro respondía a una estrategia relacionada con el ciclo olímpico y con un proceso de renovación generacional que afectaría a varios jugadores veteranos. No obstante, Junco aseguró que aquella explicación nunca le resultó convincente, especialmente porque rara vez era convocado para integrar selecciones nacionales.

“Después de disputar cerca de 40 partidos en la Serie Provincial y conectar 22 jonrones, me dijeron que debía ganarme un puesto en la preselección de Matanzas. A pesar de mi rendimiento, terminaron comunicándome que debía retirarme. No me dejaron ninguna alternativa y me obligaron a abandonar el béisbol, igual que ocurrió con otros jugadores que todavía estaban en excelentes condiciones físicas. Yo apenas tenía 33 años y me encontraba en plena capacidad deportiva”, declaró entonces al mismo medio.

Las oportunidades de representar a Cuba en competencias internacionales fueron escasas para Junco. Una de las más recordadas ocurrió en 1984, cuando integró la selección nacional que participó en el Campeonato Mundial de Béisbol celebrado en La Habana. Durante aquel torneo, el director Pedro Chávez recurrió a él como bateador emergente en sustitución de Antonio Muñoz.

Tras poner fin a su carrera como jugador activo, Junco continuó vinculado al deporte que marcó su vida. Se desempeñó como profesor en la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar (EIDE) de Matanzas y también trabajó como integrante de los cuerpos técnicos de los equipos provinciales que participaron en las Series Nacionales, contribuyendo a la formación de nuevas generaciones de peloteros cubanos.

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