Apocalipsis azucarero, una tragedia humana

Alejandro Tur Valladares
Jagua Press

 
Uno de los tantos centrales que demolieron. Foto: cortesía de Cubanet.org
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- Cienfuegos, Cuba. 71 Centrales fueron demolidos pieza a pieza y reducidos a esqueletos de vigas aceradas, afectando la vida laboral y social de cientos de familias.

El gobierno cubano dispuso, a partir del año 2002, el desmantelamiento de alrededor de 71 centrales azucareros, 5 de los cuales se hallaban ubicados en Cienfuegos. Juan Santana Limonta, ex trabajador del Central Constancia, nos habla del proceso previo al desmontaje del “Coloso azucarero”.

“Se discutió y se debatió con los compañeros del Ministerio del Azúcar –que así se llamaba entonces- en varias reuniones, y todos los trabajadores estuvimos en desacuerdo; pero parece que el Estado ya tenía la decisión tomada de antemano. Así que comenzaron por desactivar las vías férreas y acabaron desmontando el Central”.

Según Santana Limonta, “una de las cosas en la que hicieron más énfasis los obreros, fue en plantear que la desaparición del Central frustraba el desarrollo de la comunidad, donde viven alrededor de 7 mil personas que se favorecían de él directa o indirectamente”.

Y continúa explicando, “el Central empleaba unos 470 trabajadores, más otros 120 asociados al transporte y otras actividades vinculantes, como el desempeño en la vía férrea. Pero además, había una escuela taller donde se formaban los hijos de los azucareros. Ya la gente no piensa en el Batey como parte de su existencia, sólo piensan en encontrar trabajo en otro lugar. Nadie se preocupa por el mejoramiento comunitario, concluyó.”

Aurelio Morales Lozada, ex Sub Director Económico del Central Mal Tiempo, con 46 años en el sector, recuerda como fueron impactados sus compañeros con la noticia: “Yo vi a muchos azucareros, con más de 50 años de trabajo, llorar cuando se les comunicó que sería paralizado el Central, pero todo fue inútil”.

Pero la pérdida de estas fuentes de empleo, como consecuencia del cierre de los Centrales, no sólo ha multiplicado las dificultades económicas, sino que ha “trastornado la vida en los bateyes” con la aparición de focos de violencia, “un problema que no existía en estas comunidades”.

Surama Cruz, maestra de nivel primario en el poblado La Constancia, asegura que “hay bastante violencia. Los muchachos se pasan el día sin hacer nada, tomando ron, correteando los caballos de arriba abajo. En la discoteca se han dado varias agresiones con cuchillo”.

Para José Rolando Taguado, Coordinador de Zona de los CDR (Comité de Defensa de la Revolución) y ex Jefe de Transporte del Central Mal Tiempo, “las causas de la violencia se hallan en la falta de oportunidades y distracción que padecen los pobladores”.

“La destrucción de este Central afectó mucho a la población”, sostiene Taguado, quien afirma que “han aumentado los delitos; por lo menos el hurto y sacrificio ilegal de ganado se han incrementado, y lo mismo sucede con el tema del alcohol. La gente bebe mucho, porque no encuentra otras formas de  distracción. Comienzan dándose dos o tres tragos y terminan vaciando dos o tres botellas, con la que acaban golpeándose unos a otros”.

Los grandes males que aquejan a estos poblados, que ayer contaban con una actividad fabril vigorosa y hoy son víctimas del desamparo laboral y la violencia, son el reflejo de una sociedad absorbida por el un sistema político que les condena a vivir una existencia tan desmantelada como sus Centrales azucareros.

Comentarios

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Jagua Press
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Jagua Press
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