Hacia un modelo de rescate democrático: lecciones de Bolivia

Julio M Shiling
Escritor y politólogo
Ilustración: cortesía del autor.
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- Hacia un modelo de rescate democratico: lecciones de Bolivia, los ciudadanos se enfrentaron a una de las tiranías del socialismo continental y no solo ganaron, sino que impidieron que el castrocomunismo haya podido rescatar a uno de sus satélites.

Quitando a los comunistas y a sus asociados, la liberación de Bolivia ha dado mucha razón para celebrar. No solo por la felicidad de ver cómo los ciudadanos de esta tierra anómala sin, salida al mar, se enfrentaron a una de las tiranías del socialismo continental y ganaron, sino que impidieron que el castrocomunismo haya podido rescatar a uno de sus satélites. Así son los destinos. Bolivia, no podemos olvidar, tiene el privilegio histórico de ser el lugar dónde se ajustició al asesino Che Guevara.

Los pasos más relevantes de seguir para asegurar que la libertad alcanzada en el país andino no sea revertida es establecer el orden, previniendo que fuerzas subversivas leales al dictador Morales intenten desestabilizar el proceso liberador, desmontar todas las instituciones dictatoriales y aplicar la justicia con transparencia, finalidad y de forma integral. En Bolivia no gobernaba un tirano autóctono o independiente, sino un sistema: el comunismo internacional, dirigido desde La Habana, reformulado desde 1990 tras la caída de la URSS con el Foro de Sao Paulo, conteniendo este un modelo dictatorial metodológico nuevo (modelo FSP). El régimen criminal de Morales fue un resultado de ese prototipo.

Cuando hablamos del modelo FSP como esquema práctico, nos referimos a un paradigma que está compuesto por un Estado leninista guiado desde Cuba comunista, un apego ideológico pragmático al comunismo/socialismo y una economía híbrida mercantilista que incluye como parte de su programación estratégica: (1) la adulteración de la Constitución, “reformándola” con una constituyente dictatorial; (2) tener votaciones, controlando al cuerpo electoral responsable por el conteo de los votos; (3) una oposición leal y apaciguadora; (4) destruir o cooptar las FF. AA.; (5) neutralizar la rama judicial; (6) libertad de prensa selectiva/limitada; (7) absorber la clase empresarial; (8) intentar penetrar la religión organizada y (9) desarrollar un simulacro de una sociedad civil con organizaciones de pantalla oficialistas.

Todo este mecanismo estructural nuevo de promover el comunismo en el siglo XXI se ha beneficiado del marco intelectual actual, el posmodernismo, ese proyecto del marxismo cultural que presenta diversos frentes que incluyen: la ecología política, la ideología de género, el multiculturalismo, el feminismo radical, la inmigración en masa, el desarme ciudadano, etc.

El modelo FSP ha logrado controlar el poder político en Venezuela (chavismo 1998), Brasil (Lula-Dilma 2002, 2010), Argentina (kirchnerismo 2003, 2019), Uruguay (Frente Amplio 2004, 2009), República Dominicana (PLD/PRD 1996, 2004, 2008), Bolivia (Morales 2005), Chile (Bachelet 2006, 2014), Ecuador (Correa 2006), Nicaragua (sandinismo 2006), Honduras (Zelaya 2006), Paraguay (Lugo 2008), El Salvador (FMLN 2009, 2014), Panamá (PRD 2009, 2019), Perú (Humala 2011) y México (AMLO 2018). Ha habido también numerosos movimientos/partidos subversivos intentando alcanzar el poder en todo el continente con adhesión a este bloque marxista, entre los que se destaca las FARC y el ELN de Colombia.

No todos, sin embargo, han sido exitosos en implementar dicho prototipo neomarxista a plenitud. ¿Por qué se ha logrado implementar el modelo dictatorial del FSP exitosamente en algunos países dónde han gobernado y no en otros? La respuesta está en la condición de las variables más seminales del paradigma. En Venezuela, Nicaragua, Ecuador (hasta llegar Moreno) y Bolivia (hasta hace poco) se ha llevado a cabo con éxito el patrón político. En Honduras y Paraguay fueron removidos los dictadores precoces institucionalmente: uno por las fuerzas públicas y el otro por un juicio de destitución. En Brasil, cuna simbólica del modelo FSP donde Lula da Silva y el PT sirvieron de bastión logístico para el invento del tirano Fidel Castro, no lograron consolidar el modelo despótico comunista postsoviético. ¿Por qué?

En el caso airoso de Brasil, el de Bolivia recientemente, dónde sí se llegó a establecer una base del castrocomunismo sin mucha dificultad, y los ejemplos de Venezuela y Nicaragua, casos lamentables cuyas gestas heroicas de liberación han fracasado, nos resalta la respuesta. De las nueve variables del modelo FSP mencionadas previamente, las más determinantes para la inserción y preservación del prototipo castrocomunista del siglo XXI es la cooptación de las FF. AA. y la formulación de una oposición/disidencia manipulable y atenta a seguir los dictámenes del principio leninista de la coexistencia pacífica, que siempre invoca el “diálogo” como mecanismo de supervivencia dictatorial. Miremos los hechos.

En Venezuela y Nicaragua hubo manifestaciones multitudinarias, por tiempo extendido, a través de cada país respectivamente. Paralizando las naciones de Bolívar y Darío. En ambos casos, las FF. AA. se mantuvieron plegadas a las tiranías, agredieron a la población civil y cometieron crímenes de lesa humanidad. En fin, apuntalaron el status quo tiránico a palo limpio. En ambos ejemplos también, hubo una oposición/disidencia dispuesta siempre a seguir el curso suicida del “diálogo” con el verdugo.

En el caso brasileño, pese a los esfuerzos de Lula da Silva y Dilma Rousseff de penetrar y corromper las FF. AA., nunca lo lograron. La oposición en Brasil fue siempre combativa y jamás pactó nada con el bloque castrocomunista. Un examen de los otros países donde gobernaron las proles del FSP, pero no lograron enraizar su modelo despótico, revela que en la mayoría de los casos las FF. AA. se mantuvieron impenetrables (República Dominicana, Chile, Paraguay, Honduras, El Salvador, Uruguay, Perú).

El valiente pueblo boliviano desafió al dictador Morales y logró desprenderse del imperio castrocomunista. Ante los actos tiránicos del opresor cocalero, la sociedad boliviana ejerció el principio sacrosanto del derecho de rebelión. Ese derecho consistente con los valores democráticos e incorporados a las proclamaciones políticas más dignas les corresponde también a los cuerpos castrenses. Otra cosa: la oposición relevante de Bolivia rechazó cualquier entendimiento con la dictadura.

La democracia no es cuestión de meros procedimientos. Menos aun cuando son fraudulentos. La democracia tiene que ver mucho más con valores como la libertad y todo lo necesario para protegerla. Un “golpe” se realiza cuando se arrasa con los preceptos básicos que sustentan la democracia, no cuando se rescata la patria. El berrinche de los comunistas por la pérdida de una colonia no debe de conmover al mundo libre. Todo lo contrario. Bolivia nos ofrece un modelo de acción para liberar a naciones cautivas.

Comentarios

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