El pulseo político por Latinoamérica

Alejandro Tur Valladares
Jagua Press
Latinámerica. Foto de archivo.
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- El pulseo político en Latinoamérica entre las democracias y los regímenes totalitarios no es nuevo. Sin embargo, tras el surgimiento del chavismo en Venezuela tutorado por la vieja escuela castrista y de su festinada proclama, anunciando que buscarían implantar en la región el llamado Socialismo del Siglo XXI, los dimes y diretes entre los bloques ideológicos se han venido agudizando.

La postura de las partes ha cobrado mayor antagonismo luego de las últimas elecciones celebradas en la tierra de Bolívar, donde el chavismo se hizo con el poder una vez más, sin el reconocimiento de sus adversarios, ni decenas de naciones que a nivel global han respaldado la proclamación de Juan Guaidó como presidente interino.

Ante el nuevo escenario tanto el chavismo como sus aliados regionales enmarcados dentro de La Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América - Tratado de Comercio de los Pueblos o ALBA-TCP, han radicalizado sus planteamientos y acciones, declarando abiertamente la guerra a el resto de la comunidad política regional.

Este “selecto” club liderado por Cuba, Nicaragua, Venezuela y Bolivia acaba de malograr una importante partida, al perder a uno de sus socios notorios, quizás el más importante desde el punto de vista de imagen, o si lo prefieren, propagandístico.

De toda la camada seudocomunista, Bolivia y por defecto su gobernante Evo Morales, habían sido las vitrinas del neocomunismo, la única con algo más o menos plausible que mostrar en el orden de lo económico.

 Al asumir el poder Morales encontró una nación empobrecida, con una anquilosada elite, enquistada en cada espacio de la vida nacional, que se había hecho con la totalidad de las riquezas de la nación andina.

Llega al poder en un periodo en que el mundo salía de una crisis global y empezaba a mostrar sed insaciable por materias primas. La bonanza en los precios de los productos acompañada de una empatía social de la masa indígena, mayoritaria en el país, le permitieron implementar un conjunto de medidas clásicas que acompaña a los gobiernos de izquierda, como son, las nacionalizaciones, la expansión del aparato estatal y de corte populista entre las que encontramos el igualitarismo.  

Con importantes recursos financieros en sus manos emanados de las expropiaciones y los altos precios de las materias primas, Morales pudo implementar un grupo de políticas de beneficio social novedosas para ese enclave. Se dice que un segmento importante de la población logró salir de la extrema pobreza y que mejoró el acceso a servicios básicos como la salud y la educación.

Estos logros, que pocos intentan refutar, le hicieron creer a Morales que él era el hombre, el elegido para dirigir forever los destinos de Bolivia. Había llegado el momento de quitarse la máscara y acercarse definitivamente a la vieja escuela castrista, que busca hacerse con el poder absoluto para convertirse conscientemente, ya no en la nueva clase como pregona el marxismo clásico, sino más bien en la nueva aristocracia nacional. Después de todo, de esos se trata el Socialismo del Siglo XXI.

Por ello inicialmente intentó cambiar el artículo 168 de la constitución (aún vigente) que permite la reelección una sola vez, con aquello del Referéndum Constitucional cebrado el 21 de febrero del 2016 y que perdió por 2.5% de diferencia. Luego en noviembre del 2017, el Tribunal Constitucional, conformado por vocales cercanos a Morales y a su movimiento político MAS, en absurdo acto de aberración jurídica, autorizó al ahora ex mandatario a buscar la reelección como presidente, sin límites, argumentando que se había decidido “declarar la aplicación preferente” de los “derechos políticos” del compañero Evo, por encima de la Constitución.

El pasado 20 de noviembres Evo, el Mesías, intentó consumar el crimen, presentándose a unas nuevas elecciones, esto a pesar que las encuestas, aun dándole como favorito, mostraban con claridad el desgaste político que padecía, colocándolo muy distante de aquellos escenarios donde ganaba votaciones con más del 60% de la voluntad popular.

Lo demás es historia sabida. Cuando el conteo rápido iba por el 85% la tendencia indicaba claramente que Morales iría a un balotaje con Carlos Mesa, la segunda opción más votada. Fue el momento en que sin que exista una explicación coherente del Consejo Electoral hasta el día de hoy, el conteo rápido paró por casi 24 horas y al retornar, mostraba a Evo a unas décimas de alcanzar los 10 puntos de diferencia necesarios para alzarse con el triunfo en primera vuelta y evitar una repetición de los comicios contra una derecha unida y con todas las posibilidades de destronarle.

Lo burdo de la manipulación lanzó a las calles a los votantes que le adversaban en defensa del voto. La rápida radicalización de los descontentos trajo un desenlace exprés que obligó a Morales a dimitir.

Con su partida el Castro Chavismo pierde una pieza importante en el tablero ajedrecístico regional. Si bien el ala izquierdista había mostrado cierta recuperación con el triunfo de Manuel López Obrador en México y Alberto Fernández en Argentina, la partida del presidente indígena constituye un quiebre en el eje “progresista” que se quería reconfigurar.

Para mayor preocupación de los estrategas del Foro de Sao Pablo, la economía de México, extremadamente dependiente de la norteamericana, decrece aceleradamente y los retos internos que deberán encarar Fernández – Fernández, en el país del Tango, son tales que difícilmente dediquen mucho tiempo a planear revoluciones en su patio.

Pero las malas noticias no cesan. En Uruguay Lacalle Pou va como favorito al balotaje contra el candidato de izquierda del Frente Amplio, desde hace más de una década en el poder. La más reciente encuesta le da una ventaja de 5 puntos. De consumarse lo que adelantan los sondeos, el bloque duro del castro chavismo se habrá privado de otro aliado y probablemente perdido, definitivamente, el pulseo político que sostiene con las democracias.

Comentarios

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