La doble moral del castrismo, de nuevo a escena

René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- LA HABANA, Cuba. La prensa oficialista ha dado una excelente demostración práctica de cuáles son sus fines y sus verdaderos propósitos.

Este lunes, la prensa castrista dio una excelente demostración práctica de cuáles son sus fines y sus verdaderos propósitos. Éstos no son ni remotamente los de informar y documentar, sino de los de agitar y hacer propaganda. La verdad no constituye, ni de lejos, una de sus prioridades.

Es el caso que los dos periódicos nacionales que son publicados ese día de la semana —el cotidiano Granma y el hebdomadario Trabajadores— publicaron en primera plana, ocupando tres cuartas partes de su espacio útil, un mismo material extenso de título tendencioso: “La doble moral del imperio”.

De manera curiosa, el semanario cataloga el escrito como “editorial” y, sin ver contradicción alguna en ello, lo calza con una firma institucional: “Central de Trabajadores de Cuba” (el sindicato oficialista CTC). El Granma, por su parte, omite esos dos elementos. Pero estos detalles carecen de verdadera importancia.

En definitiva, en este desdichado país, todo viene a ser una misma cosa. No hay diferencias sustanciales entre partido único y sindicatos. Tampoco entre federación de mujeres, comités de defensa u otras asociaciones creadas por el mismo régimen. Según ellos, tampoco entre Patria, Nación y “Revolución”, si al caso vamos.

En el ejemplo que nos ocupa, el farragoso escrito comienza en el mismo estilo que podría esperarse de —digamos— una Declaración Oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores. Alude a “la nueva escalada agresiva del Gobierno de Estados Unidos hacia Cuba”, así como al “criminal bloqueo económico, comercial y financiero contra la Mayor de las Antillas”.

Tras mencionar a los “trabajadores por cuenta propia”, el mamotreto, en su segundo párrafo, expresa: “La CTC y los sindicatos declaran su disposición a continuar representando a este segmento laboral y defender sus derechos, al igual que los de todos los trabajadores”.

Al parecer, a los autores les pareció tan difícil de digerir esa afirmación que, desconociendo principios elementales de redacción, hacia el final del documento se consideraron en el deber de repetirla: “La CTC y los sindicatos seguirán siendo portadores de sus intereses, como lo han hecho siempre con la totalidad de los trabajadores”.

¿No fue Goebbels quien dijo que una mentira repetida muchas veces se convierte en una gran verdad? (Bajo un sistema totalitario, claro). En el papelote, esta falsedad figura sólo en un par de ocasiones, pero desde que se lanzó la idea de estabular a los cuentapropistas en los sindicatos oficialistas, ella ha sido reiterada sin descanso, una y otra vez.

Lo cual, desde luego, no la hace más veraz. En puridad, creo que hasta el mismo Carlos Marx, fundador de la secta roja, se habrá removido en su tumba al escuchar la idea de que un mismo gremio —la omnipresente CTC— represente a empleadores y empleados. O, para decirlo en el lenguaje que ellos mismos emplean: a explotadores y explotados.

Porque de lo que no cabe dudar es que, según sus trasnochadas teorías, esos pequeños empresarios, al contratar mano de obra, lo hacen para obtener “plusvalía” de su trabajo. ¿Es tan grande el despiste ideológico de estos “socialistas del Siglo XXI” que ni siquiera tienen presente ese dogma esencial del fundador de su secta!

A fuer de sincero, no creo que se trate de una equivocación intelectual. Lo que sucede es que el sindicato oficialista ha probado ser tan eficaz en la defensa de los intereses del sistema (a costa de ignorar o menoscabar las legítimas aspiraciones de sus supuestos representados) que, al resurgir los cuentapropistas, se consideró preferible estabularlos en la confiable CTC, en lugar de crear para ellos una nueva asociación ad hoc.

Por eso no llama la atención que el editorial del Trabajadores se consagre a abogar en pro de esos mismos microempresarios. Ellos eran malos cuando, en tiempos de Obama (y bajo el cartel de “emprendedores”), los “imperialistas” pretendieron utilizarlos como “punta de lanza” contra el “socialismo castrista”.

Ahora, por el contrario, ellos merecen la solidaridad oficial. Los que nunca ganan con Esta Gente son nuestros vecinos del Norte. Obama mereció rechazo por tender la mano a los castristas, seguir suspendiendo el Título III de la Ley Helms-Burton e incluso visitar la Isla. Paradójicamente, el repudio alcanzado por Trump, que ha llevado a cabo políticas del todo opuestas, no es menor.

En el ínterin, los castristas se extasían ante las falsedades que ellos mismos dicen. Como la siguiente afirmación del flamante mamotreto: “Lo construido en 60 años de Revolución es mucho más grande que todo lo que se nacionalizó”. ¿Será tanto su despiste que en verdad se lo creen!

Parecen no haberse enterado de unas cuantas verdades: Fueron ellos quienes destruyeron la agroindustria azucarera, espina dorsal de nuestra economía. Arrasaron la ganadería y afectaron otras producciones diversas. A cambio de ello, lo único que han desarrollado —¡en sesenta años y, para eso, un poquito! — es la biotecnología.

En nuestras ciudades dejaron arruinarse el fondo habitacional y erigieron aisladas barriadas —como Alamar— de edificios multifamiliares, de los cuales los inquilinos salen huyendo para cualquier construcción de los años cincuenta del pasado siglo que aparezca. Del mismo modo que casi todo cubano que tenga la posibilidad de obtener una visa, huye de la Isla.

En verdad, parece muy poco apropiado el título escogido por los agitadores castristas para su mamotreto del lunes. La “doble moral” que salta a la vista no es la “del imperio”, sino la del castrismo, que es la misma que en la actualidad carcome a toda la sociedad cubana.

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