Votar por el NO es votar contra el castrismo

René Gómez Manzano
Abogado y periodista independiente
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- Respuesta al recientemente publicado artículo del líder opositor cubano Antonio Rodiles, titulado “Entre #CubaBoicot y el estalinismo”.

LA HABANA, Cuba. – He leído un trabajo de Antonio G. Rodiles que publicara de inicio el Diario Las Américas. Allí, el exprofesor de Ciencias Exactas exhorta a los cubanos de la Isla a no acudir a votar en el referendo constitucional convocado para el 24 del corriente. Creo que no tiene razón. En diferentes artículos publicados en CubaNet he planteado que, en esta coyuntura específica, la opción preferible es la de sí acudir a las urnas, a fin de hacerlo por el NO.

Rodiles plantea, numerándolos, once argumentos centrales. Del mismo modo en que yo solía hacerlo al contestar los escritos de la parte acusadora o actora cuando aún ejercía como abogado, enmarcaré mi respuesta en un número igual de puntos. En ellos aludiré, en forma correlativa, a los alegatos del referido compatriota.

También Augusto Pinochet y su círculo cercano, al organizar en Chile el referendo que representó el inicio del fin de la dictadura, estaban empeñados en legitimar a su régimen militar surgido de un golpe de estado.

Ni el general austral ni los Castro han convocado a una convención constituyente democrática. Pinochet no contaba con un mandato expreso del pueblo chileno ni poseía verdadera legitimidad para llamar a un referendo.

Tampoco en Chile hubo un proceso constituyente con la participación de distintas fuerzas políticas. Es cierto que la “nueva Constitución”, aunque lo hace en forma más sibilina que la hoy vigente, constituirá el marco para que el castrismo continúe violando los derechos y libertades fundamentales.

Precisamente por eso es que otros muchos opositores y yo mismo estamos convocando a decirle NO.
El 24 de febrero es no sólo la fecha del criminal derribo, en el espacio aéreo internacional, de dos avionetas desarmadas. También es el inicio de nuestra Guerra de Independencia. Lo razonable es suponer que el castrismo, al escoger la fecha, tuvo en mente esta última efeméride, y no la del crimen que, a la luz de la justa condena que ha cosechado en foros internacionales, de seguro preferiría no recordar.

La asistencia masiva se producirá, quiéralo o no Rodiles. Conviene recordar aquí que Cuba es un estado-policía basado en el miedo. Por esa razón (y aunque parezca una paradoja), a un cubano de a pie le resulta más fácil votar NO que abstenerse de sufragar.

Es cierto que el NO, desde el punto de vista estrictamente técnico, “no representa un rechazo al sistema, sino a la ‘nueva Constitución’”. No obstante, el mismo régimen, con su desaforada campaña por el SÍ y por la “continuidad de nuestro socialismo”, le atribuye y reconoce al referendo ese carácter plebiscitario. En ese contexto, el NO significará un rechazo total. La abstención, por el contrario, no representará lo mismo. La minoría de cubanos que vaya al retraimiento, estará compuesta no sólo por opositores que sigan a Rodiles y sus amigos; también incluirá indolentes, atolondrados, viajeros, enfermos, personas que tienen algo urgente que resolver y fundamentalistas religiosos.

Es cierto que no existen mecanismos de monitoreo. Pero recordemos el sabio refrán venezolano: “La salsa que sirve para el pavo, sirve también para la pava”. Del mismo modo que no se pueden monitorear los votos negativos, tampoco se podrá hacerlo con el verdadero número de los que vayan al retraimiento, según aconseja Rodiles. Como bien señala éste, en el referendo participarán “120.000 agentes del régimen”. ¿Considera posible el exprofesor que una cantidad importante de votos negativos no tenga impacto en ese ejército de servidores, entre los que abundan quienes creen todavía que el pueblo apoya en masa al castrismo! Señalo algo obvio: el número de quienes no vayan a votar o anulen su boleta no tendrá el mismo impacto.

Es verdad que “no existe posibilidad de monitoreo en los conteos a nivel provincial y nacional”. Pero los miembros de las correspondientes comisiones electorales, que pertenecen a los estratos altos y medios del partido único, sí conocerán los verdaderos resultados, los cuales estarán obligados a informar también a sus jefes del Comité Central (no importa que, a los efectos de la publicación, den asimismo otros resultados oficiales falsificados). Por si a Rodiles no le parece importante el dato, resulta oportuno recordar que, en la feliz caída pacífica del comunismo en medio planeta, desempeñaron un papel de primer orden los elementos proclives al cambio dentro del mismo partido único. ¿Por qué Cuba habría de constituir una excepción a esa regla! ¿Alguien puede creer que dentro de la alta dirigencia del castrismo no hay también personas convencidas de la inviabilidad del sistema, las que están esperando una ocasión propicia para adquirir protagonismo? ¿No podría ser esa oportunidad el respaldo dado por el pueblo al NO?

Es cierto que el castrismo no permite, e incluso persigue, cualquier campaña que no sea por el SÍ; también es verdad que, en los últimos tiempos, han tenido gran difusión los “medios artesanales” de información. Además, quienes nos enfrentamos al régimen contamos con una “ventaja desleal”: el hartazgo de la gran mayoría de nuestros compatriotas con este sistema de carestía y opresión que, mientras subsista, mantendrá a los cubanos sin futuro.

También coincido con que la Ley Electoral “viola las normas básicas de una democracia” y con que “el castrismo juega ambos papeles (juez y parte)”. Pero vuelvo a lo ya esbozado: un claro rechazo popular (que sólo puede ser el NO) estremecerá al régimen y a sus personeros.
La generalidad de los opositores (y de modo especial quienes hemos tenido que sufrir la hospitalidad que el régimen brinda en sus cárceles) sabemos de los instrumentos represivos con que cuenta el castrismo. ¿Pero acaso van a utilizarlos contra millones de cubanos que voten por el NO!

Hasta aquí, mi respuesta a los puntos numerados del escrito de Rodiles. Él hace otras consideraciones, pero tampoco lleva razón en ellas.

La referencia a la “farsa electoral del régimen, apenas hace un año” está fuera de contexto. Tampoco participé en ella, ni en ninguna de las otras elecciones celebradas en los últimos decenios. Actué así porque en esos procesos no hay forma alguna de expresar oposición al sistema. Lo de ahora es distinto, porque hay la posibilidad de votar NO, lo que representa un rechazo al proyecto constitucional y al régimen.

Tampoco parecen adecuadas las comparaciones con la situación de Venezuela, que difiere de la de Cuba (y esto a pesar de las coincidencias que existen entre ambos regímenes, que han llevado a sus pueblos a la triste realidad que uno y otro padecen hoy, gracias al socialismo).

De nuevo coincido con Rodiles en que “el escenario general es muy desfavorable para la familia Castro y allegados”. La discrepancia radica precisamente en que esa coyuntura (que, al ser adversa para ellos, es favorable para nosotros) debemos aprovecharla para votar por el NO el próximo 24 de febrero.

Publicado en Cubanet.org el 18 de febrero.

Comentarios

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