De una insularidad a Otra: Viva

Francisco Blanco Sanabria
Periodista independiente
 
 
(www.miscelaneasdecuba.net).- El poderío del Séptimo Arte y los audiovisuales en la proliferación y expansión de la cultura transnacional, la globalización, la emigración y la multipolaridad de sus campos gravitatorios es un tema que no pierde vigencia.

Las tecnologías de la comunicación sociocultural han incrementado las conexiones entre espacios, personas y comunidades a niveles nunca antes experimentados. Lo que ha llegado y legado después de los hoy tan abstractos conceptos de la Postmodernidad y la Globalización neoliberal, universos de múltiples selecciones, fuerzas opuestas y contrapesos es contexto ideal para la recolocación de contenidos, sobre temas, historias y argumentos relativos a nacionalidades, etnias, razas, colores, religiones, clanes, etc., que incluyen las muy populares siglas en inglés LGB-TQI, que designan de manera colectiva al Otro sector social de las lesbianas, los gays, bi-sexuales, sujetos trasgéneros, y más inclusivistas, la letra Q de queer, como los pansexuales y la letra I para los intersexuales, para aquellos seres humanos o personas que no tienen categorización/caracterización y que no estén específicamente clasificados por los LGBT. 


El ensayista e investigador de etnología y folklore, el galo Étienne Balibar lo expresa así: “No creo en la posibilidad de hablar sobre lo “global” desde un punto de vista global en sí mismo-esto es desde todas partes o ninguna.-, pero creo en la relativa posibilidad de dislocar nuestro punto de vista, nuestro lugar de enunciación, y, sobre todo, de exponernos a nosotros mismos a la dislocación que proviene de otros.

La relación compleja global/local/regional, es antes que nada, la manera en que nuestro punto de vista se desarticula y rearticula al exponernos a la influencia de Otros; es clave para entender varias premisas del cine trasnacional y trasnacional, que se piensa y se practica en nuestros días... Esa cinematografía desborda las fronteras de un Estado-nación, genera nuevos modos de contactos culturales y propicia dinamitar o erosionar estilos y estéticas variadas.

Si, bien, el intercambio de procesos, modelos e imágenes puede ser abono y fertilidad para reproducir estereotipos y exotismos, facilitando a su vez, comparaciones e hibridaciones enriquecedoras de la imagen. Es esta una de las tensiones conflictivas fundamentales que manifiesta el filme cubano-irlandés VIVA(2015), seleccionada por la Re pública de Irlanda para competir por la entrega del Oscar a la mejor película extranjera del año 2016. Dirigida por el realizador Paddy Breathnach-autor de filmes como I went Down(1997), Blow dry(2001) y Shrooms(2007), es hablada en español, con producción ejecutiva del actor y estrella borinqueño(Puerto Rico), Benicio del Toro y filmada integramente en la ciudad de La Habana, Cuba.

La cinta es un reflejo comercial y cine de autor de las cada vez más frecuentes conexiones Norte-Sur en la producción cinematográfica europea, latinoamericana, asiática y Norteamérica con la cubana. Incluida entre la lista de nueve finalistas, Viva no llegó al cuadro de cinco nominadas a los premios de la Academia estadounidense, pero ganó el premio y el compromiso de la distribuidora Magnolia Pictures, una de las más reconocidas del mundo para el cine independiente y extranjero en los E.U.A. Decisión que no parece haber sido arbitraria, si desde el 2003, ya se argumentaban razones y especulaciones por parte de voceros y cabilderos de la industria-mercado del celuloide y del video digital en los EE.UU., por las cuales la distribución de filmes narrativos foráneos, era un reto en la mayor parte del mercado norteamericano, aludiendo en alusión a ciertos tipos de facturas irlandesas o producidos por directores de esa nación celta-anglosajona, que alcanzaban un muy modesto grado de atención en la taquilla, el público y la crítica especializada yanqui, con la excepción de monstruos como Jim Sheridan.

Sin embargo, una película de un grupo irlandés de producción de set y foros interiores y de locaciones habaneras, con el elenco actoral local con temas explosivos o de conmociones tragicómicas o tintes melodramáticos, dentro del contexto del New Deal o El Nuevo Trato en las hoy muy limitadísimas relaciones entre la Mayor Isla antillana y su vecino norteño continental, más alla de su atractiva venta y cualidades estético/conceptuales, deciden a la cinta Viva en una mercancía comestible muy solicitada y vendible en las pantallas y estanquillos de ventas de DVD de los Estados Unidos y de Canadá.

Para suerte de hijo pródigo que retorna al Moloch-Hollywood, es también un relato visual de significación psicológica, que reflexiona acerca de asuntos candentes en el panorama isleño, como la diversidad sexual, su ser o no ser; si y no es aceptada oficialmente; la desintegración y disfuncionalidad familiar, las agudas dificultades de la vida cotidiana impone a personas o a grandes sectores poblacionales de ninguno o limitados accesos a los bienes materiales, económicos o financieros, privilegiados a las cúpulas del poder omnímodo. El cine trasnacional es repetidor de formularios en los que los productores ejecutivos del Norte industrializado investigan con mayor o menor acierto, los fenómenos generales relacionados con el Sur subdesarrollado y con países comunistas “fósiles” sobrevivientes. En este caso se enfoca Viva, retratándose la marginalidad social y el inframundo de la pobreza extrema, con los misérrimos y bajos niveles de vida: la subsistencia de la Habana de “a pie”.


Esto no es necesariamente un efecto ¡Boom! que provenga de un exotismo impostado por parte de las miradas foráneas, seducidos por el entorno ajeno y vibrante en su diferencia. Pese a su intención de cine directo con free cinema y cinema vérité en rectitud, Breathnach y su camarógrafo Cathal Watters proponen típicas vistas del Male-cón, planos/secuencias y escenas en azoteas, ómnibus, rastras-trailers de pasajeros o charangones, casas y edificios en ruinas o en derrumbes, parques abandonados, al tiempo que reflejan un looking lastímoso, muy lánguido y fantasmal, sobre la Big Cuban City

Algo así, como lo que insinua la Island Films, coproductora del filme, que aspira a “des-cubrir la belleza no filmada” de esta mágica isla tropical, ”una postura donde se debate entre una intrínseca polémica: la intención comercial y una necesidad de reconocimiento autoral a toda costa. La realidad objetiva neo-neorrealista o surrealista de Viva es la de Una Habana-ghetto judío de Varsovia, Polonia de la pasada Segunda Guerra Mundial, S-GM(sin haber sido bombardeada por los nazis o los aliados), o de la clásica novela La Piel, de Curzio Malaparte, que alude a la desastre de la sociedad italiana de postguerra al caer el fascismo (en una Havana City que no se recupera); que muchos quieren mostrar y que casi todos quieren y esperan ver, con sumo énfasis, fuera de Cuba, y que así se ha captado desde el zoom del filmmaker, tanto nativos como transoceánicos.

Si a nivel visual la capital cubana se convierte en eje conductor de la Otra mirada, la cin-ta logra a nivel temático una mezcla de sedentarismo/nomadismo, que puede resultar mucho más expectante, ya que la story board se concatena/interconecta con las personas/ personajes de cualquier latitud mundial. El personaje principal, el gay Jesús, caracteriza-do por el actor Héctor Medina, nos remonta a la Alexandra negra de Tangerine(EUA, 20-15, de Sean Baker), que canta en un bar-pub semidesértico en Los Ángeles, California; su vida guarda semejanza con la del reo Joao Francisco dos Santos de Madame Satá, de Ka-rim Ainouz, Brasil, 2002, y es también, si se quiere, idéntica al cuento de los histriones de Tatuagem, (Brasil, 2014, de Hilton Lacerda).


Todos sueñan con ser superestrellas del travestismo y actuar en shows de drag queen, y, entiéndase el performance o vodevil musical en este caso, como genuina estrategia de liberación sexual. La banda sonora y la música no solo contrasta añejas melodías populares criollas del bolero de grandes intérpretes femeninas de su época: Sombras por Blanca Rosa Gil; Como cualquiera, por Lourdes Torres, o ¿Qué te pedí?, por la Lupe, escogidas para las escenas del show de travestis, donde actúa y canta Jesús, todas aludiendo a las historias de los personajes presentados, co-mo background de apoyo a las partituras de acento experimental a cargo de Stephen Rennick en las transiciones donde Jesús y las calles citadinas comparten escenas, regodean en la emoción que despliega la trama y la simpatía que genera el protagonista.

El guión basado en una visita inicial del realizador irlandés Breathnach a Cuba a mediados de los años noventa del pasado siglo, donde percibió y encontró un performance crudo de poder y emociones en los artistas drags locales. Tan físico y presente que sentí que era un gran vehículo para explorar algunas sensaciones en bruto.

En el campo actoral, el protagonista Héctor Medina personifica en Viva los sueños semifrustrados de Viva, el nombre artístico de Jesús, un estilista gay del espectáculo cabaretero, donde la evolución positiva del personaje ocurre a través del mejoramiento/enriquecimiento de la vida del joven -al principio tímido y aparentemente débil.- y luego enérgico en la defensa a ultranza de sus sueños, asistiendo a la madurez en el modismo en que varía su alter ego sobre el escenario, de suave cadencia y contenido, al penetrante y agudo de una Audrey Hepburn y sus canciones en Breakfast with Tiffany(E.U.A, 1961, de Blake Edwards), con transición de aproximación intimista-muy bien logradas- en su deambular capitalino: en las bodegas, tiendas, en el ómnibus; en la sutileza y belleza de sus ensayos líricos en su balcón, o escuchando los repertorios del cancionero de los viejos discos LP de 45 rpm., que su padre le regaló a su hoy ausente madre. Cortejando a Medina en los rodajes, Jorge Perugorría y Luis Alberto García, Jr., figuras muy habituales en el cine cubano, convirtiéndose en una suerte binomial de éxito-aceptación-aburrimiento. Perugorría, convertido en Ángel, padre/personaje, exboxeador, alcohólico, vulgar, limitado su nivel escolar, machista, violento, regresa a la vida de su hijo Jesús, luego de cumplir con una condena de cárcel por un homicidio cometido en una pelea. Acaso la película expone una excesiva dra-matización de la relación de amor/odio entre padre e hijo: reconciliación que va de la violencia al afecto, de la agresión física al cuidado, de la curiosidad al compromiso.


Son bocadillos/replicas mutacionales desplegados en conversaciones sobre sexualidad, sobre la madre de Jesús, o en el momento que el joven le da un corte de pelo al cabello gris de su padre. En la intimidad doméstica de ambos sus roles de género se establecen, virtud del supuesto grado de testosterona/androgénica de cada cual. Jesús sufre un doble desplazamiento de marginación, no solo por la sociedad que lo segrega, sino por el patriarca que lo obliga a dormir en el sofá, a prostituirse con desgano-el padre se avergüenza por el hecho de Jesús se travista, cante y actúe en público, es más bochornoso para Ángel que intercambiar sexo por dinero.-, dejándose esclavizar con el alcohol casero, amnestesiando miedos, fobias y penas. Muy avanzado el filme se descubre que Ángel ha regresado enfermo terminal a casa, por lo que eventualmente muere, no sin antes aceptar y aplaudir los triunfos de su hijo drag queen, convertido en diva y estrella sobre el escenario de los cabarets y night clubes gay-travestis.

Otros personajes secundarios-no menos importantes.- es Luis Alberto García, Jr., en su impresionante papel de Mama, diva de cabaret, como cantante y “actriz”; sabio mentor intelectual del personaje central, que junto a la ve-cina que encarna esa excelente Paula Alí, protectora y defensora de Jesús, Mama es lo más cercano a una madre en la vida de Jesús... El final de la cinta es casi un clásico de los melodramas de la era Ramón Peón/Juan Orol, ya que entre lo literario y lo cinematográfico, describe una acción/pacto entre personas que sobreviven al dolor, la discriminación y la soledad; las tres parcas que más afectan la actual sociedad socialista cubana, en una unión solidaria y desprejuiciada de dogmas y temores de fobias y psicosis de inferioridad personal, ya que amistad y sentido comunitario, hacen a estos sujetos desplazados y excluidos, más fuertes, más radiantes.


La última voluntad de Ángel se cumple en la trama/historia, al reencuentro de Jesús con su gran amiga de la infancia, ahora, madre soltera al ayudarle a criar a su bebé. Reediseño de la infraestructura familiar desde una ruptura con los estereotipos y arquetipos de la heteronormatividad social, que anuncia un futuro diferente para los personajes, ya que la cinta expira tintes melodramáticos neo-neo-neo-realistas con una intención definida por su realizador. En una última reflexión necesaria sobre los exponentes más significativos del cine queer comentan sobre la exclusión, las dificultades y barreras de la inserción, la resistencia, pero también sobre las jerarquías de la Otredad de género, clase, etnia, color y raza que existen dentro de las “supuestas” o de ciertas otredades que conforman la identidad y variedad en Cuba.


Esas variedades en tanto al abordaje de algunos de estos temas se inmuniza el filme y estas reflexiones de marras: en la ficción, desde Fresa y Chocolate(Gutíerrez-Alea-Tabío, 1993), el cine cubano cuenta recientemente con diferentes obras que sondean la diversidad sexual como Chamaco(Juan Carlos Cremata, 2012), Verde-verde(Enrique Pineda Barnet, 2013), Caballos(Fabián Suárez, 2015), Fátima o El Parque de la Fraternidad y la osada historia transsexual de Vestido de novia, ambas últimas discutidas en anteriores crónicas de este espacio.

Paradójico se perfila, y como consecuencia, en el cine global mundial y cubano en específico, el universo lésbico, que permanece aún por ser explorado a plenitud, con excepción de cortometrajes muy aislados de Suramérica como La tarea, 2009, de la peruana Milagros Farfán, y Recursivo, 2013, filmado por el mexicano Aram Vidal, predominan las tramas/argumentos queer del sexo masculino en la producción fílmica del presente, pero ya rivalizan con calidad narrativa girlhood o solidaridad femenina sobre las boyhood o hermandad del mundo gay, abordadas y abundantes por hombres que mujeres, filmando el amor lésbico femenino, en los casos del tunecino Abdellatif Kechiche con La vida de Adéle(Francia, 2013), o Todd Haynes con Carole(USA, 2015); el cine de diversidad está a la espera de nuevas continuadoras de la pionera belga Chantal Ackermann, ya fallecida y que no abundan en demasía aún.

Resulta importante mencionar dos filmes recientes trasnacionales, ambos hispano-cubanos, vinculados al tópico: el largometraje La partida (Antonio Hens, 2013), transita por los senderos de la estereotipia homosexual y realidad cubana underground; el cortometraje Alfa(Javier Ferreiro, 2015), retrata la historia amor/ odio/muerte de un actor de cine porno gay. Valiendo destacar de la producción del do-cumental sobre diversidad sexual, desde los rodajes de la directora Lisette Vila, pasan por Bocarrosa(Henry Erick Hernández e Iván Basulto, 2000), Gay Cuba(Sonja de Vries, 1996 );Habana Libre, de Eliezer Pérez, 2006; Tacones cercanos, de Jessica Rodríguez, 2008; Pe-ro la noche..., de Gretel Marín, 2012; En el cuerpo equivocado, Marilyn Solaya, 2010; El evangelio según Ramiro, de Juan Carlos Calahorra, 2012, y Batería de Damián Saínz, 20-16, focalizan un poderoso dispositivo a la contracorriente y antireforma oficialista sobre la diversidad sexual y las anti homofobias.

Viva fue competidora en los Festivales de Cine de Telluride, cerró el Audi Dublin Inter-national Filme de 2016; se presentó en el del Nuevo Cine Latinoamericano, Habana, 2015 y arrastró taquilla y elogios de la crítica en su movies theatrical release en salas de EUA , recibiendo premios y distinciones. Viva de Paddy Breathnach es ya un estudio obligatorio de cine de autor del cine trasnacional cubano-foráneo del siglo XXI, que ampliará el diapasón de su distribución y exhibición al auditorio mundial, al conectarlo con la tragedia cubana actual, a pesar de las demoras y retardos de exhibirlo en la pantalla chica y al cinéfilo del interior de la Isla, en las pocas salas de cine y video que proyectan y que aún siguen de pie, milagrosamente.

Comentarios

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