La violencia se aprende

Alejandro Tur Valladares
Jagua Press
(www.miscelaneasdecuba.net).- Por estos días el tema más comentado por mis vecinos es aquel que refiere a los hechos violentos que se vienen reportando en la provincia de Cienfuegos durante el año que corre, fundamentalmente aquellos que describen sendos asesinatos que se destacan por la crueldad y el sadismo que les acompañan.

Alarma a mis coterráneos la tendencia ascendente que muestra el fenómeno desde hace buen tiempo, particularmente durante el último quinquenio. Para ilustrar lo expresado baste señalar que durante el año 2010 se reportaron según cifras gubernamentales 1640 hechos violentos en la región, el pasado año los casos aumentaron hasta llegar a los 1705. Aunque las instituciones oficiales son reacias a mostrar este tipo de estadísticas, recientemente trascendió en un programa de una televisora local, que el pasado mes de julio se produjeron 197 hechos violentos.

Antes de adentrarnos en el tema de la inseguridad ciudadana, de sus posibles causas y probables consecuencias, considero oportuno aclarar que además de los asesinatos, se consideran actos violentos eventos delictivos de disímiles naturalezas como el robo con fuerza, las violaciones sexuales, los abusos domésticos, entre otros.

De igual modo hablamos de violencia no solo cuando se incurre en actos que atentan contra la integridad física de una persona, también son actos violentos aquellos que repercuten negativamente en la psiquis de la víctima.

Así pues, la intimidación, la coacción, el asesinato moral, el chantaje emocional, clasifican como actos violentos de mayor o menor grado, dependiendo de los efectos dañinos que causan sobre la o las víctimas. Lo que suele ocurrir es que son los asesinatos las manifestaciones de violencia que más impactan la conciencia colectiva y por ende suelen ser los más comentados y recordados.

Causas
Aunque los académicos y profesionales vinculados al oficialismo se empeñan en entronar la idea que la violencia tiene su génesis fundamental en el seno familiar, considero que la tesis busca ocultar un conjunto de causas que por nocivos contrastan con la onírica idea del paraíso socialista y por tanto su mención debe ser soslayada.

A todas cuentas, una familia es disfuncional porque el desarrollo psicosocial de los elementos que la conforman ha sido distorsionado tras ser expuesta ante elementos externos que moldearon y condicionaron las personas que son.

Sin ser un especialista en el tema me atrevo a asegurar que en el entorno familiar no están todas las respuestas al por qué de la violencia.

Existe un conjunto de causas que los sociólogos vinculados al oficialismo evitan tratar públicamente y que a mi modo de ver han tenido gran incidencia, fundamentalmente durante la última década, en los comportamientos delictivos que hoy padecemos. Veamos algunas de ellas.
 

La violencia política
La sociedad cubana nunca fue violenta, aun cuando su historia ha estado signada por eventos de esa índole, fundamentalmente en el ámbito político. La familia cubana, conservadora en esencia, en tiempos turbulentos siempre encontró refugio en el conjunto de valores que le acompañaron desde la formación de nuestra identidad nacional.

Sin embargo, tras la huida de Fulgencio Batista a finales del año 1958, el nuevo poder instaurado se propuso construir una sociedad diferente acorde a la visión ideológica del Marxismo. Para alcanzar la utopía se hacía necesario barrer de plano las estructuras que conformaban el viejo orden social, antagónico con el que se pretendía instaurar, entre ellas la religión y la familia. La nueva moral descansaría en lo adelante sobre el dogma del estado, y de las necesidades afectivas o educativas del individuo se encargaría papá estado.

Los actos de demolición emprendidos alentaron la reacción de importantes sectores sociales. Para acallarlos la nueva dirigencia implantó una atmosfera de terror en lo físico y lo psicológico hasta entonces nunca vista.

Se emplearon herramientas como los pelotones de fusilamiento, los encarcelamientos de opositores políticos, las vejaciones, el asesinato moral, la implantación del “ateísmo científico”, la división familiar, la coacción individual o colectiva, el despojo de propiedades, la marginación social, la instauración del odio contra el adversario como sentimiento acrisolador del auténtico revolucionario, la intransigencia, la sustitución del orden institucional por el orden de facto.

Todas estas aberraciones que se justificaban en nombre de la meta suprema - la construcción del estado comunista – que han abarcado por décadas todos los espacios de la vida nacional, nos han hecho comprender, a partir del legado dejado, que si el entorno cercano del individuo, si las normas de comunicación y relación sociales a que es sometido son violentas, lógicamente el ciudadano aprende conductas violentas para estar a tono o defenderse del propio medio.

Una atmosfera violenta va moldeando al individuo que para sobrevivir se pone a vibrar en la misma sintonía de los violentos.

Si aquellas instituciones encargadas de educar al ciudadano en comportamientos que faciliten la convivencia truecan su rol, no debemos esperar más que comportamientos sociales a tono con las distorsiones.

Cómo debería actuar un individuo que ve al presunto garante del orden y la armonía social organizar e implementar actos de repudio, expropiaciones de propiedades, coacciones colectivas, o el desentendimiento de las normas establecidas, aun de las propias leyes. Probablemente procederá del mismo modo.

Las carencias materiales
Por años el pueblo cubano ha estado sometido a grandes carencias materiales, y en la lucha por alcanzar lo mínimo para la supervivencia no pocos suelen dejar de lado las normas cívicas que antaño regían nuestro comportamiento grupal, para hacer imperar la ley del sálvese quien pueda, lo mío primero, o ese es tu maletín, formulas individualistas que derivan hacia un relativismo raso donde todo vale y donde todo lo que no satisfaga su Yo carece de valor, incluso la vida de otro congénere.

Por ello vemos con dolor como de entre la población cubana de vez en cuando surge algún enajenado que en la carrera por alcanzar sus anhelos o metas personales si tiene que matar mata.

La alta población penal
Cuba tristemente ocupa un lugar notorio en la lista de naciones que posee más prisiones por kilómetros cuadrados. Por asociación es fácil concluir que la población penal cubana es elevada en correspondencia con el per cápita de habitantes.

Esto se debe en parte a que un número importante de actividades inocuas son tipificadas como delito, llevando a prisión miles de hombres que jamás pudieran ser clasificados como delincuentes.

Desde vender un producto sin la licencia requerida, emitir una opinión crítica, intentar fugarse de la isla son actividades que han colocado en prisión a hombres que distan mucho de ser antisociales.

Una vez que este individuo es sometido al ambiente hostil y enrarecido de la prisión, al ser liberado llevará consigo fuera de los muros de la cárcel, un grupo de comportamientos adquiridos que no poseía antes de ser encarcelado, el carácter violento entre ellos.

La erosión de las instituciones represivas
El proceso de erosión que vienen padeciendo las instituciones represivas ha propiciado un relajamiento del control social que mantenía el gobierno. El régimen policiaco hace aguas y si bien esto resulta positivo desde la perspectiva de las libertades cívicas, paradójicamente redunda mayor libertad para la actividad delictiva.

Los mismos mecanismos establecidos para controlar y combatir la disidencia política eran utilizados de paso para enfrentar actitudes antisociales. Entidades como las llamadas Organizaciones de Masa entre las que destacan los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), tenían un protagonismo fundamental a la hora de controlar tales comportamientos.

Sin embargo, la apatía ciudadana surgida en estos ámbitos toda vez que los asociados descubrieron el vínculo existente entre el accionar de estas asociaciones y la implementación de políticas gubernamentales antipopulares, hizo surgir un desentendimiento de todo lo que no gire en torno al círculo personal, dejando mayor espacio a la proliferación e impunidad de actos violentos.
 

Resumiendo
Es la violencia una manifestación multicausal, por lo que pretender remitir su génesis exclusivamente a una dimensión de actividad humana es cuando menos un acto de franca manipulación. Me he detenido en explicar las incidencias que tienen las políticas gubernamentales en su aparición y propagación, no porque considere que es el único aspecto que debería ser tratado, sino por el hecho que al resultar molesto este enfoque para quienes promueven desde el poder políticas que exacerban la violencia, y que los medios informativos, gubernamentales no dedique un mínimo de espacio para analizar estas causas, es motivo suficiente para quererlo compartir con quienes se sientan interesados.

Comentarios

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