EL DEBATE EN TORNO A LOS PROBLEMAS DE LA ECONOMÍA CUBANA

(www.miscelaneasdecuba.net).- La grave crisis que atraviesa la economía cubana está provocando entre los economistas un debate que pone de manifiesto la existencia de dos posturas diferentes.

De un lado, los que se alinean con las tesis oficiales, piensan que el problema de la economía es grave pero se puede resolver dentro del sistema comunista, es decir, con el modelo basado en la planificación centralizada, la ausencia de propiedad privada y de economía de mercado libre.

En tal caso, el diagnóstico es muy claro. El pasado lunes, Alfredo Jam, premio nacional de Economía de Cuba, en un discurso en la inauguración de un encuentro internacional de contabilidad, auditoria y finanzas, resumía esta posición oficial en los siguientes términos, “la crisis de la economía cubana es muy profunda y difícil por la ineficacia del sistema de gestión, la baja productividad de sus trabajadores, la desmovilización de los jóvenes y los efectos de la coyuntura mundial”. Para terminar diciendo, 'Estamos en un momento verdaderamente complicado de nuestra historia'.

La denominada versión oficial alimenta las tesis “reformistas” de Raúl Castro que, hasta la fecha, no han visto la luz como consecuencia de las trabas burocráticas y administrativas existentes. De igual modo, los problemas de la economía se atribuyen, a la “falta de estímulos de la población”, señalando que “en Cuba es alta la población en edad activa que no trabaja porque los jóvenes rechazan tareas que pudieran darles ingresos pero que no les dan satisfacciones'. En ese sentido, Jam piensa que “hay una reserva de fuerza laboral para sectores vitales como la producción de alimentos y la construcción, pero que la gente no se moviliza”.

La receta a los problemas se sugiere dentro del propio sistema, y se basa en que 'es necesario que el salario estimule la eficiencia. Como existe un exceso de protección, tenemos una población económicamente activa más alta que la deseada' dijo Jam. Para concluir que “existe una muy baja productividad en varios sectores de la economía a pesar de las reservas de fuerza laboral, que deben ser estimuladas de inmediato”.

Los problemas quedarían entonces resueltos, “aumentando las exportaciones y sustituyendo las importaciones, aumentando la productividad de las empresas y eliminando las deficiencias del modelo de gestión”.

Esta visión oficial de los problemas y soluciones de la economía cubana, aliñada con destituciones de altos cargos, ataques continuos desde Granma y Juventud Rebelde a directivos de instituciones y empresas estatales de actitudes de 'tolerancia' y 'blandenguería' que empeoran la crítica situación, supone, ante todo, dejar intacto el modelo comunista existente en la Isla desde comienzos de los años 60.

Por una extraña razón, que no se consigue comprender, la versión oficial no admite la posibilidad de que el principal problema de la economía cubana sea su modelo estatal e intervencionista, basado en la supresión de la libertad de empresa y la propiedad privada. Quiénes han fracasado en la dirección de los asuntos económicos en la Isla, no van a acertar tampoco ahora en las soluciones propuestas.

Se requieren cambios de largo alcance que supongan la remoción definitiva de las instituciones que laceran el funcionamiento de la economía de mercado. Restaurar la propiedad privada a todos los niveles, devolver a los cubanos el derecho de propiedad a su vivienda, a su empresa, al ejercicio libre de su profesión u oficio, es el primer paso a dar en la reorganización del sistema. Ello debe ir acompañado de un aumento de confianza en las posibilidades reales de cada uno, y en el conjunto de la sociedad, requisito básico para el funcionamiento de la economía.

En los 50 primeros años del siglo XX la economía cubana demostró al mundo su extraordinaria capacidad productiva y organizativa, generando una sociedad dinámica, próspera y eficiente que cada año atraía a medio millón de ciudadanos europeos en busca de una vida mejor. Los cubanos ya demostraron su capacidad, y lo puede volver a hacer si el modelo es el adecuado. Miami es un ejemplo más, pero no el único.

En presencia de propiedad privada, el funcionamiento normal y cotidiano de las instituciones del mercado y del intercambio lucrativo debe ser el eje básico que corrija los excesos de planificadores y burócratas. La economía de mercado, a través del funcionamiento transparente de los precios, asigna los recursos existentes hacia las tareas prioritarias y más demandadas por la sociedad.

La economía asigna recursos y crece de manera eficiente, sin despilfarro y sin obstáculos. Los trabajadores, que ahora están desmotivados, canalizarán sus esfuerzos laborales hacia las actividades mejor retribuidas, y el aumento de salarios traerá consigo el aumento de la productividad en la mayoría de sectores.

La reinserción de la economía privada y de mercado de la República de Cuba en América Latina, y el mundo, sólo puede traer beneficios positivos para la Isla. El dinamismo de la inversión extranjera, sin las ataduras legales y administrativas existentes en la actualidad, puede transformar la base de la mayor parte de los sectores productivos del país en muy poco tiempo, aportando los bienes y servicios demandados por la población, así como las tecnologías internacionales que en Cuba son altamente rentables, dados los costes relativos. La propuesta “oficial” de sustituir importaciones por exportaciones pertenece a mediados del siglo pasado, y no es en la actualidad solución alguna para avanzar en lo económico.

Hace falta valentía política para reconocer los fracasos, pero más aun para impulsar los cambios que verdaderamente se necesitan para superar los atrasos históricos. El régimen castrista hizo su apuesta y la ha perdido, a tenor de los datos existentes. No existe una economía en el mundo que experimente una crisis tan continua, estructural, grave y persistente como Cuba, que es incapaz de alimentar a su población con sus propios recursos, a pesar de las bondades de la tierra y clima. Ha llegado el momento de apostar por un nuevo modelo. Esta es la otra tesis que suscribo, porque considero que es la única que puede garantizar un futuro para Cuba y los cubanos.

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