¿Seguro que Bet Shalom?

La Habana, 11 de agosto del 2003. A fines del pasado mes de agosto visité la Gran Sinagoga Bet Shalom ubicada en la exclusiva barriada del Vedado, en la calle I, e/ 11 y 13, Ciudad Habana. Visita -si así se le puede llamar a la estancia de unos pocos minutos frente a su puerta- con la que pretendía conocer más acerca de los rituales hebreos.

El acceso me lo impidió una puerta de acero, trabajada bien a la usanza de la década de los 50, y la compostura hosca de una señora colocada para atender al público, de quien, infructuosamente, intenté obtener un poco de información.

La situación creada por mi interés fue tan inextricable que, como resultado, terminó por hacerme sentir -lo confieso, sin exageración y mucha vergüenza- algo estúpido. Me pregunto, ¿por qué tanto hermetismo en una institución que se supone debe estar abierta totalmente, máxime por las circunstancias exclusivas que ha padecido y aún padece el hebraísmo en todo el mundo?

El supuesto argumento sobre la seguridad de la entidad y sus miembros es, concerniente al territorio cubano, poco menos que ridículo. Según la explicación brindada por un colega, en el lugar se reúne la "crema y nata" de la comunidad hebrea cubana, una versión que resulta más ajustada y creíble.

La información sobre el judaísmo disponible para los cubanos no es mucha, y la que se puede encontrar en la Web, por ejemplo, no llega al pueblo como consecuencia de la censura que ejerce sobre el medio el régimen totalitario.

Independientemente de ello, la experiencia de asistir de cuerpo presente a una liturgia en la sinagoga superaría por mucho a otros escogimientos. La señora que me "atendió" se limitó a ponerme en conocimiento de que al lugar podían acceder exclusivamente los miembros.

¡Ah, los hombres y sus eternas pretensiones de situarse por encima de Dios! Una demostración de la incredulidad y desconfianza en la palabra del Creador, el mismo para todos, y valga la redundancia.

El sufrimiento del pueblo judío es compartido por muchas otras naciones, la cubana entre ellas. En el año 1952, según documentos de la Comunidad Hebrea de Cuba, la población judía estimada en el país ascendía a 15 000 personas.

Mi opinión es que la autoexclusión que originó este comentario no favorece a la comunidad hebraica cubana y global, y que, orgullo o paranoia hechos a un lado, esta debe insertarse plenamente entre los mortales.

Comentarios

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