Reseña: «Informe contra mí mismo». (Eliseo Alberto, Editorial Extra Alfaguara 1997)

Los cubanos, tanto de afuera como de intramuros, nos lucramos de las solidarias bibliotecas andantes, de las librería de mano-a-mano.

Los connacionales establecidos, - muchos aún semivarados -, en Suecia no son la excepción de la regla. Aquí también gozamos de tan dichoso servicio regalándonos posibilidades tan hermosas como son la amena lectura de las más recientes obras de Zoé Valdés o Guillermo Cabrera Infantes. A través de este subalterno cordón umblical de la cultura cubana, llega hasta mis manos «Informe contra mí mismo» del escritor antillano Eliseo Alberto. Tan excelente obra ocupa el espacio de mi mente en el curso de estas cuartillas. «Informe» me lo entrega un amigo, culto y dedicado, Pavel Tortosa Sarria, a la vez que me asegura: «Puedes tomarte el tiempo que quieras». En reposo fecundo, con el cuerpo cortado por uno de los muchos virus que acosan perennemente estos paralelos, -influensa le llaman por acá a éste que hoy me atormenta-, entre estornudos, fiebres, sudores, y moqueras, devoré el libro de marras en un fin de semanas, obligándome a modesta reseña, desde mi derecho seráfico de cubano...

«Informe» tiene, aunque no rígida, manifiesta estructura; ampara en su seno un prólogo saturado de emociones, seguido de once capítulos que llaman repetidamente a la cavilación. El libro se extiende a lo largo y ancho de 293 cuartillas. Con rigurosidad aritmética, nunca literaria, diríamos que los capítulos de la obra de Eliseo Alberto se seccionan en tres partes: una, la primera, podríamos llamarla fenomenológica; la segunda, histórica y la última, epistolar. Tres apartados, -el quinto, onceno y decimosegundo-, sin embargo, están desposeidos de la dosis epistolar. Los dos capítulos de cierre son meramente históricos, repasos de la historia en la memoria y de la memoria en la historia. Al darle al lector destellos de varias secciones de este valiente «Informe», lo he violentado estructuralmente, rigiendome esencialmente por la arquitectura arriba modelada. Pero no discriminemos el cargado prólogo...». No es por azar que nacemos en un sitio y no en otro sino para dar testimonio». Estas proféticas palabras las dedicaría el poeta Eliseo Diego a sus hijos en el prólogo de uno de sus tantos libros. Eliseo Alberto ha salvado la distancia generacional no sólamente para rescatar físicamente la voz sincera de su padre, sino también para darle nueva vida. Este profundo mensaje paternal, reproducido ahora en las páginas de «Informe», desborda los cantos de la afinidad familiar para abrazar una geografía nacional; nuestra misión, como cubanos, es ser testigos fidedignos de la historia de nuestra Patria. Eliseo Alberto cumplió, ora con pronunciada prisa, ora con escapismos surrealistas, con el apostolado de su padre: él ofreció en tamaño volumen su testimonio.

«Informe» es pura, amarga y seca cátarsis. «Informe» es la historia de la liberación espiritual a través del autoexorcismo. A Eliseo Alberto le pidieron, -como se acostumbra pedir en Cuba-, hace ya muchos años, que redactara informes políticamente comprometedores contra (sobre, le aclarararía su propio padre en cierta ocasión) su familia. Lo más detallado posible, por supuesto. Aquel jovén, entonces soldado, dobló rodilla ante los argumentos convincentes de los exigentes oficiales. Encontró a la hora de la lucha contra el dilema ético su «tabla de salvación», y se enganchó a élla. Eliseo Alberto comprendió cabalmente, sin embargo, el trasfondo sicológico del acto de delación. Da en el blanco el escritor cuando afirma sobre tal hecho: «...lo que realmente importaba era contar con un archivo comprometedor, no una reseña sobre el posible acusado, sino un arma contra el seguro confidente. Un texto donde cada uno de nosotros firmaba, a veces sin darnos cuentas del peligro, el compromiso de nuestro propio silencio, pues tarde o temprano esa página escondida en los naufragios de la historia podría salir a flote con su carga de mierda arriba.» ...Eliseo Alberto firmó con el seudónimo «Pablo» aquellos abortados informes de delación: «Ya me tenían archivado. Yo estoy preso en un file», reconoce el prosista. Pero también admite, -y esto es lo más significativo- que con este, su libro a la interperie Pablo está libre. Pablo, -yo sumaría a Eliseo Alberto-, están excomulgados en y para la historia por su valentía al arrastrar voluntariamente su alma por las pruebas de agua y fuego que la cátarsis individual imponen. Ellos supieron romper el compromiso sellado de su propio silencio.

Cuba es per se un enorme surrealismo. Incomprensible simbiosis de todo y nada, de manía de grandeza y complejo de inferioridad. Los relatos que conforman la arbitrariamente bautizada sección fenomenológica de «Informe» dan crédito del delirium tremens que nuestra historia contemporánea -y de lo que con ella se alquimiza- representa. Eliseo Alberto pasa revista, en memoria y hoja, a algunos de sus extravagantes pasajes. El viaje del amigo Jorge José Candamir Llanes, alias Paella, a San Andrés de Caiganuabo, nada más y nada menos que el Primer Pueblo Comunista del Mundo, ubicado en la provincia de Pinar del Rio, es una de nuestras tantas aberraciones históricas... Con envidiable serenidad el autor de «Informe» nos dibuja las epopeyas de aquel amigo -Rolando Martínez Ponce de León, llamémoslo por su nombre: a él en especial se dedica la obra-, que contrae el sida, y es ubicado en el «sanatorio blindado» «Los Cocos». Triste, doloroso y desgarrante se nos brinda, por supuesto, el destino del amigo. Vergonzozo y espeluznante que fuera encarcelado por seis largos meses en la archiconocida prisión Combinado del Este, rodeado por presos comunes, por haber escapado de aquel inhumano encarcelamiento sanatorial: «Tenía derecho a vivir su muerte.»... «Salud» y «Educación» forman parte del alibí de la subordinación del cubano a la tiranía. Esto explica que el tema no se ausente tampoco en la obra que reseñamos. El argumento, para más de boca de un sencillo y humilde pescador de Batabanó que buscaba refugio en las Islas Canarias, de que «uno no siempre está enfermo ni estudiando» es fácilmente esgrimible en otros contextos. Ni Cuba es un gran hospital ni mucho menos universidad... La asombrosa historia que Teresa del Monte le contase con marcados sobresaltos a la familia Diego recoge nítidamente la perdida de valores culturales, sociales y políticos -todos juntos, y los otros que se quisiesen agregar. Se trataba del saqueo de reliquias del Cementerio de Colón -patrimonio colonial de incalculable valor histórico-resguardados tras la sombra de la noche. Hecho que devendría en la defalcación -más tarde, y ahora a pleno día-, de toda la nación... Julio Antonio Casanovas, alias el Suave (¿quién no tiene nombretes en la ínsula?) es prototipo del sacrificado internacionalista -barata carne de cañón de la revolución en busca de temporales aliados y pedestales históricos- que termina ahogado en la frustración, el engaño de su esposa, y la bajeza de un miembro del PCC, celoso velador del puritanismo oficilista...

Cinco cartas van desparramadas en el lomo de «Informe». Cuatro vienen de amigos y amigas, tanto del exilio como del insilio. Una es del propio Eliseo Alberto al amigo que decide retornar a la isla luego del «exilio de terciopelo» o « de baja intensidad». Esas cartas representan en verdad prematuras reseñas del libro que nos ocupa. Son el primer debate, entonces a puerta cerrada, del contenido de esta obra. El escritor reproduce fragmentos de comentarios de amigos sobre los más variados temas, incluida su opinión y valoración del borrador de «Informe». Cuando Eliseo Alberto se atreve a refugiar en el vientre de «Informe» las más variadas opiniones sobre su prematura y riesgosa empresa, convierte a la obra en tribuna abierta; muestra que se inclina por el debate, por el diálogo, por doloroso que este sea. Por ello, el prosista no vacila un minuto al reproducir las críticas que amigos le dirigen, críticas ora punzantes, ora disimuladas. Lo importante radica, en esencia, en el testimonio, en que éste salga a la lúz. Vayan por delante algunos pasajes. «Ahora que lo pienso: no sigas con ese libro» ...»De nada vale recordar. De nada. Recordar no es volver a vivir, decía tu tío, nuestro Felipe: recordar es volver a mentir. Lo único que vas a lograr es que te metan preso en Villa Marista. Y yo no te llevaré cigarros fuertes, devoto mío»... Otro amigo: «Lo que logras con tus reflexiones es hacer leña del árbol caído, alimentar el falso fuego de la memoria, como sostén de la historia, y quemar de paso en el incendio, un par de notables ideas para un libro de cuento de hadas. Ojalá tanta palabra te sirva para botar a la mierda el lastre del recuerdo y puedas ver la verdadera magnitud de las patrias: la planetaria pequeñez de la vida.» La recriminación por haber escogido el exilio. La invalidación del exilio como representante del pueblo cubanos y sus pesares. Otro amigo: «¿Por qué lo has escrito así, crudo y descojonante? Te van a pasar la cuenta en Cuba y en Miami. No sirve ni a la Revolución ni a la Gusanera. Nadie te citará. Si te va bien, se harán los bobos. Se lavarán las manos, después de limpiarse el cúlo con ellas.»... «[E]n tus libros anteriores jamás habías abordado el problema político. Gozabas de saludable fama de cobardón». «...¿Por qué ahora sí, ahora que en tu isla, nuestra isla, se viven días díficiles, te lanzas al recuerdo con las memorias jodidas de nosotros?...» «¿Habrías escrito el libro en la isla, en tu casa, en tu Underwood?» «¿En cuál bando queda tú libro? ¿Quién va a comprarlo? ¿Y a leerlo? ¿En qué mesita de noche pasará la noche?» «¿Quieres un consejo médico? Termina tu libro. Pon punto final. Termínalo de una vez y no jodas más con la cantaleta de los errores. Mas no lo publiques. Al menos por ahora. Júramelo. Por tu hija.»

Sin embargo, el hilo de Adriana de «Informe» se llama miedo. Salpica de capítulo a capítulo, ora de manera sutíl, ora explicitamente. De verdad que nos metieron miedo para tener un miedo que de miedo precisar, si se me permite parafrasear al autor. Dejemos mejor que el propio Eliseo Alberto cite de memoria: «En algún cuento de mi maestro Horacio Quiroga un personaje muerto de miedo, pero decidido a morir con dignidad, le grita al capatáz de la hacienda: que no te obedezca no quiere decir que te traicione. Podría voltearse la moneda: que te obedezca no quiere decir que te sea leal.» Es precisamente lo que ocurre en nuestra tierra, aunque muchos hagan oídos sordos: se ha confundido impúdicamente la obediencia con la lealtad. Eliseo Alberto se escuda tras el pecho de Quiroga para decir que «el miedo puede explicar buena parte de lo sucedido en su país.» ¿Quién se atreve a desmentirlo? El pánico a la disención se canalizó a través de su mejor aliado: el mutismo. «[E]l miedo nos secó la lengua», metaforeó en una parte el prosista cubano, para en otra afirmar que «el silencio ha sido, al menos para mí, la manifestación más pura del miedo». Sólo cuando se venza el miedo, cuando nuestro pueblo se sobreponga al pánico auguraríamos algún cambio en la isla cautiva. Lo deja entredicho Eliseo Alberto cuando ejemplifica con el derrumbe del Este Socialista: «Emocionante resultó descubrir que el castillo de naipes sucios de la Europa del Este se vino abajo cuando se hecharon afuera los ladridos amargos del miedo». No hay otra fórmula redentora.

«Informe contra mí mismo» es sobre todo sabio llamado a la tolerancia, a la reconciliación. Esta nueva y original cita con la reconciliación no se asemeja, sin embargo, a la que tanto se vocifera acá y allá. Se trata aquí de hacer paces con y dentro de uno mismo, con el otro Yo, con el Yo Traidor, si así se quiere. La apelación a la pacificación interina no deja de tener sus enemigos, principalmente en la pasiones revanchistas, en el ser omnipotente y falto de sensibilidad humana. Es por ello que «Informe» es jaque mate a intransigentes y duros que pretenden invalidar a quienes otrora, engañados o asustado de muerte, sirvieron a sus ideales o, más preciso, a los de otros, pensando que eran los suyos o los únicos acaparables. Sólo en la medida en que esta comunidad de sentimientos arrogantes se neutralicen darémos espacio a análogos «Informes». Por que como bien le escribiera una anónima amiga: «...Ya vendrán otros testimonios similares a ventilar la atmósfera. Luego, se podrá escribir la historia...»Para entonces, como para ahora, harán faltan voces que se alleguen a la de Eliseo Alberto cuando provocativamente manuscribía sobre quienes «dejaron por escrito las huellas de sus terrores»: «No soy quien para juzgarlos pero si a alguien le preocupa el dato, digo aquí que lo perdono, pues es la única manera de perdonarme». Yo me sumo.

Comentarios

Fidel Castro: el Enfoque Sensorial
[14-07-2004]

Pocos de mi generación etaria (¡ojos!, no he escrito etarra) participan conmigo la (des)dicha de haber contemplado, reiteradamente, el porte magnánimo de Fidel Castro. Sea por mera contingencia del desatinado destino o, acaso más exacto, de la caprichosa geografía, el internado en que me embutirían la cuota inaugural de adoctrinamiento marxista-leninista, la beca Hermanos Sainz Montes de Oca, encaraba la fachada del Aeropuerto Internacional José Martí. Dicha terminal aérea era —aún lo es: por irreversibles razones de insularidad telúrica de mi país natal, unido a inconmensurables adelantos en los medios de transporte supersónicos— la poco más o menos ineludible vereda al adonis caribeño. Por ende, la mayoría, sino la totalidad, de las delegaciones de extramuros, que con su presencia agasajaban a la República de Cuba, tomaban tierra en aquel aeropuertucho con mote de gigante.
Yaimir Jiménez Pitit, Emisario de la Música Contestataria Afrocubana
[30-10-2003]

Cuaderno de anotaciones en mano, el agitado músico se aprestó a enseñarnos sus textos de creación lírica, textos todos de contenido contestatario que por venir de un cantautor joven, y por más de procedencia afrocubana, no pueden ser bien vistos por los ojos del censor castrista.
Misceláneas Ruso-Cubanas: la Cátedra, la Tesis y el Académico.
[16-10-2003]

Del 16 al 21 de septiembre eché anclas en Sant Peterburgo, ciudad que siempre he dado por estimar, subjetivamente, la capital cultural de Rusia. Fue aquella odisea, pensada inicialmente con intenciones entre privadas y laborales, en cierta medida también un retorno a mis raíces, pues justo en esa urbe pasé alrededor de cinco años de mi azorada juventud.
Guillermo Lorente: el attaché cultural del Exilio Cubano de Suecia en los Estados Unidos de América.
[05-10-2003]

A mi buzón electrónico ha arribado una invitación del pintor cubano Guillermo Lorente Pérez, actualmente radicado en Nueva York, Estados Unidos.
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